El nuevo decreto de la FP canaria: ordenar papeles no es transformar la educación

13 de octubre de 2026 | docentes

David González Nieto

Canarias prepara un decreto para consolidar su normativa de Formación Profesional. Una iniciativa necesaria, pero insuficiente para impulsar la transformación metodológica que nuestras aulas necesitan.

En pocas palabras: el nuevo decreto de Formación Profesional que prepara Canarias es, fundamentalmente, una operación de consolidación administrativa. Pretende reunir normas dispersas, adaptar el marco autonómico a la Ley Orgánica 3/2022 y al Real Decreto 659/2023, y simplificar el entramado de instrucciones y resoluciones acumuladas.

Y está bien. La seguridad jurídica importa. Pero ordenar lo que ya tenemos no equivale a transformar la Formación Profesional. Si queremos avanzar de verdad, esa consolidación deberá acompañarse de decisiones bastante más ambiciosas.

Mucha innovación en el papel, poca concreción

El borrador menciona las metodologías de aprendizaje colaborativo basadas en proyectos y retos (artículo 55), la investigación aplicada, la experimentación docente y la colaboración con empresas. También contempla planes de transformación metodológica y posibles recursos adicionales (artículo 56).

Nada especialmente nuevo: buena parte de estos principios ya figura en la legislación estatal.

Lo que echo en falta es más valentía en la intensidad normativa de la transformación metodológica. Seguimos hablando de «promover», «impulsar» e «incentivar», sin concretar suficientemente quién debe hacerlo, con qué recursos, en qué tiempos y cómo comprobaremos los resultados.

No pretendo que un decreto de ordenación resuelva por sí solo todos estos problemas, ni propongo imponer una metodología única. Defiendo la autonomía docente. Pero, desde mi experiencia en el aula, tengo claro que la innovación no puede seguir descansando sobre el voluntarismo del profesorado. Necesitamos tiempos de coordinación, formación aplicada, acompañamiento y reconocimiento de quienes experimentan y comparten resultados.

Una buena noticia: menos alumnado por aula

Sí encuentro un avance especialmente relevante: la reducción progresiva de las ratios hasta 25 estudiantes en los ciclos de grado medio, superior y cursos de especialización, y 20 en grado básico, con el horizonte del curso 2028-2029.

Probablemente sea la medida de mayor impacto práctico. La atención individualizada, el aprendizaje por proyectos y la evaluación competencial necesitan condiciones adecuadas. Reducir las ratios no garantiza la innovación, pero elimina uno de sus obstáculos más evidentes.

¿Y la inteligencia artificial? ¿Dónde queda?

Me preocupa especialmente otra ausencia: un marco pedagógico de referencia adaptado a la era de la inteligencia artificial. Reconozco que desarrollar ese marco excede el objetivo administrativo de este decreto. Precisamente por eso, debería formar parte de una agenda complementaria y urgente.

¿Qué significa aprender cuando una IA puede ejecutar buena parte de las tareas que antes evaluábamos? ¿Cómo cultivamos el pensamiento crítico, la creatividad y el criterio profesional? ¿Cómo distinguimos el aprendizaje real de un producto generado con asistencia tecnológica?

Echo en falta una respuesta institucional suficientemente articulada a estas preguntas. No basta con incorporar herramientas de IA al aula: necesitamos repensar cómo enseñamos, cómo aprende nuestro alumnado y, especialmente, cómo evaluamos.

Estoy trabajando en una propuesta metodológica propia que integra la inteligencia artificial en los procesos de pensamiento, aprendizaje y evaluación. Espero compartirla próximamente.

Consolidar está bien. Ahora toca avanzar.

Este decreto tiene una finalidad principalmente administrativa, y no sería justo exigirle que resuelva todo lo que nuestra FP necesita. Pero sí podemos reclamar que vaya acompañado de una estrategia de transformación metodológica con recursos asignados, responsabilidades definidas y evaluación de su impacto.

Porque nuestra FP ya ha cambiado mucho sobre el papel. Ahora necesitamos comprobar cuánto de ese cambio llega realmente a las aulas.

Ordenar las normas es necesario. Transformar la educación exige bastante más que buenas intenciones.